HORIZONTE 2020, un nuevo modelo pedagógico.


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Jesuïtes Educació, la red de escuelas de la Compañía de Jesús en Cataluña, ha presentado recientemente el nuevo modelo pedagógico que se irá implantando de forma progresiva en sus escuelas y que se basa en los principios y valores de la pedagogía ignaciana y en el diálogo permanente con los últimos avances de la pedagogía, psicología y neurociencias.

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Los colegios de jesuitas de Cataluña,  han comenzado a aplicar  un sistema similar al finlandés basado en la educación por proyectos. Están implantando un nuevo modelo de enseñanza que ha eliminado asignaturas, exámenes y horarios y ha transformado las aulas en espacios de trabajo donde los niños adquieren los conocimientos haciendo proyectos conjuntos. Para llevar a cabo el proyecto, que lleva por nombre  Horizonte 2020, los jesuitas han derribado las paredes de sus aulas y las han transformado en grandes espacios para trabajar en equipo, unas ágoras en las que hay sofás, gradas, mucha luz, colores, mesas dispuestas para trabajar en grupo y acceso a las nuevas tecnologías.

Se quiere responder así a los cambios vertiginosos que está viviendo nuestro mundo, que piden una transformación del proceso de enseñanza y aprendizaje. El alumno es el centro de este modelo, con un papel más activo y autónomo, trabajando en proyectos que favorecen el aprendizaje experiencial y el trabajo cooperativo en el marco de una estructura escolar más flexible.
El proceso participativo que se ha llevado a cabo ha puesto de manifiesto el compromiso de los educadores/as y también de los alumnos/as y familias para realizar cambios en las escuelas. Las propuestas apuntan hacia repensar los espacios donde se educa (aulas, patios, pasillos, salas, etc.), incrementar las metodologías activas del alumno, reducir las clases magistrales, flexibilizar la duración de las clases, potenciar el trabajo común entre familia y escuela, ser activos como escuela en el entorno social,… Parte muy importante del proceso ha sido la participación de los propios alumnos, desde los más pequeños de Educación Infantil hasta los que cursan Bachillerato o Ciclos Formativos. A través de diversas actividades adaptadas a cada edad, ha provocado que niños y niñas digan cómo les gustaría que fuera su escuela, sin poner límites a su imaginación.

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De momento se ha implantado  solo en tres cursos: primero de infantil (tres años), quinto de primaria (nueve), y primero de la ESO (12). El plan es que en 2020 funcione en los ocho colegios catalanes de la orden, que suman 13.000 alumnos.
Una raya en el pasillo separa el viejo suelo gris del nuevo suelo amarillo en el colegio Claver de los jesuitas en Raimat (Lleida). Los niños saltan de un lado a otro. “¡Siglo XX!”, gritan cuando pisan el terrazo gris; “¡siglo XXI!”, cuando caen en el lado amarillo. A uno y otro lado de esa raya conviven desde septiembre dos modelos pedagógicos muy distintos. En el lado gris siguen con sus lecciones de toda la vida. En el lado amarillo los niños trabajan por proyectos y en grupos. A un lado hay asignaturas, exámenes y un timbre que marca las horas. Al otro, el trabajo es interdisciplinar, los horarios son flexibles, la evaluación es continua y las ciencias se aprenden haciendo un trabajo sobre reciclaje. Siglo XX, siglo XXI.
Lo llamativo del Claver es que está mutando. Las aulas de los pasillos amarillos, son transparentes, con enormes ventanales y las puertas siempre abiertas. Hay gradas y las mesas tienen ruedas para poder agruparse. Los niños hablan y se mueven con libertad. Bajo enormes lámparas tubulares hay zonas comunes con sofás, pufs, o un jardín vertical que están construyendo ellos mismos. En el aula de los pequeños hay un anfiteatro pistacho que en uno de sus extremos se convierte en tobogán.

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Es lo que la pedagogía llama “aprendizaje por descubrimiento guiado”. “No es que no haya un control, sino que los niños son menos conscientes de él, y más activos, igual que no es que no haya libros, es que no solo hay libros… El mundo es el aula”, explica Minerva Porcel, que pasó tres semanas en Finlandia estudiando su sistema educativo, considerado uno de los mejores del mundo. “Este proyecto bebe de muchas fuentes”, explica. “De las inteligencias múltiples de Gardnera la educación nórdica”. Aunque hay clases específicas —de matemáticas o alemán—, el grueso del día fluye sin una pauta marcada por lecciones y los chavales se organizan a su propio ritmo. El otro gran cambio es que las dos clases de 30 alumnos se han fundido en una de 60 que cuenta con tres tutores multidisciplinares (científico, lingüista, humanista) que están al mismo tiempo en la misma clase.  Los tres profesores acompañan todo el día a los alumnos y tutorizan los proyectos en los que trabajan, a través de los cuales adquieren las competencias básicas marcadas en el currículo. “No hay asignaturas, ni horarios, al patio se sale cuando los alumnos deciden que están cansados”, ha explicado Aragay, que, en los seis primeros meses de experimentación, ya ha constatado que “el método funciona” y ha reanimado a los estudiantes. “Transformar la educación es posible”, ha remarcado el director general, que reconoce que el cambio es “radical” y que dos de cada tres de los 1.500 profesores de sus escuelas ha estado a favor.

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El proyecto impulsa “las inteligencias múltiples y sacar todo el potencial” de los alumnos y que hagan las actividades de aprendizaje según sus capacidades. “Hemos transformado la educación para que el alumno sea el protagonista, para que haya verdadero trabajo en equipo y los estudiantes descubran cuál es su proyecto vital, qué quieren hacer en la vida y enseñarles a reflexionar, porque van a vivir en una época que les va a desconcertar”, ha argumentado Aragay. Los alumnos comienzan la jornada con 20 minutos de introspección y reflexión para plantearse los retos de la jornada y finalizan con otros 20 minutos de discusión sobre si han conseguido los objetivos.

Los resultados indican la notable mejora en la adquisición de conocimientos en los alumnos y lo más importante, la recuperación de la motivación en los alumnos en ir a la escuela.  Argay, director general explicaba cómo  en los seis meses de experiencia han encontrado casos de alumnos que «antes se inventaban que tenían fiebre para no acudir a clase y ahora quieren venir aunque tengan fiebre».

Referencias: Educación jesuita // El pais // Horizonte 2020

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