Aprendiendo a Pensar: Filosofía para niños


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“Si queremos adultos que piensen por sí mismos, debemos educar a los niños para que piensen por sí mismos”
Matthew Lipman
El proyecto y programa de Filosofía para Niños aparece en Estados Unidos a finales de los años sesenta y parte de la constatación de que no es posible conseguir sociedades verdaderamente libres y solidarias si no conseguimos personas capaces de pensar por sí mismas en el marco de un proceso solidario y cooperativo de discusión. Su inspirador, iniciador y principal autor es Matthew Lipman, profesor de la Universidad de Montclair (New Jersey). Allí se crea el Instituto para el desarrollo de la Filosofía para Niños (IAPC)como marco institucional para el desarrollo del curriculum, las labores de investigación pedagógica y la formación de profesores. Gracias al IAPC, Filosofía para Niños es hoy el nombre de un vasto proyecto educativo que se ha ido implantando en todo el mundo. No se propone convertir a los niños en filósofos profesionales,  sino desarrollar y mantener viva  en ellos una actitud crítica,  creativa y cuidadosa del otro (caring thinking).


La filosofía para niños busca fomentar y conservar en los niños y adolescentes la actitud que tienen en común los filósofos con la infancia: la curiosidad por todo lo que les rodea y el no dar nada por sentado. La inacabable cadena de preguntas “¿Y por qué? ¿Y por qué? ¿Y por qué?” que caracteriza una determinada etapa del desarrollo del niño se convierte en modo de vida para el filósofo, y esa es la actitud que se busca salvaguardar.

El método de Lipman responde a una necesidad fácilmente constatable a poco que visitemos las aulas de secundaria e incluso de niveles universitarios: los estudiantes tienen que saber de muchas materias (contenido), para lo cual se les presuponen ciertas capacidades lógicas como el análisis, la síntesis, la formación de conceptos o la competencia investigadora (procedimientos). Pero, ¿qué ocurre si, de hecho, no poseen estas habilidades?
El programa de Lipman responde a esta pregunta desde una disciplina concreta, la filosofía, que incluye, entrelazado con su contenido específico, estas habilidades generales. El programa de FpN aspira a enseñar destrezas de razonamiento, pero, y esto marca la diferencia con otras escuelas pedagógicas, sin “vaciarlas” de contenido ni segregarlas de su contexto original. Y el lugar de la filosofía, para la FpN, es la clarificación de los problemas de la vida democrática. De ahí que se haga énfasis en que “las técnicas cognitivas deben enseñarse en el contexto humanista de la filosofía; separadas de este contexto, se convierten en instrumentales y amorales” (Matthew Lipman, 1985), y en que el programa de FpN no está orientado a mejorar el rendimiento académico de los estudiantes (aunque este sea un efecto secundario de su aplicación), sino a formar mejores ciudadanos, conscientes de las implicaciones de la vida comunitaria en democracia.
El éxito del programa de FpN, más allá de sus planteamientos humanistas y su compromiso con una democracia real, radica en el hecho de que es de los pocos programas de formación integral que cuenta con un material concreto y acabado para su puesta en práctica. Uno de los puntos fuertes del programa es la existencia de un material ampliamente desarrollado, sólido y bien estructurado, que se extiende a lo largo de toda la edad escolar, desde los cuatro o cinco años y llegando hasta los dieciséis o diecisiete. El material está compuesto por una serie de novelas, en las que los protagonistas son niños y niñas de la misma edad que aquellos a los que van dirigidas, por lo que se enfrentan a situaciones e inquietudes cercanas a la vida cotidiana del lector.
El profesor, en este proceso, cuenta con un manual “asociado” en el que encuentra una guía para llevar a cabo la “investigación filosófica” con sus alumnos. De este modo se localizan las cuestiones filosóficas subyacentes al texto, y se conecta la formación filosófica para niños con la tradición filosófica, pues se señalan problemas que forman parte de la historia del pensamiento, e incluso se manejan ejemplos propuestos originalmente por sus representantes más destacados.

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Frente al modelo tradicional, que concibe la educación como una iniciación a la cultura y cree que la persona educada es el individuo “instruido”, Filosofía para Niños pretende una educación que anime y permita a los niños pensar por sí mismos desde sus propios elementos significativos. No debe ser el niño asimilado a la cultura, sino ser él quien asimile la cultura.
El programa de Filosofía para Niños parte, pues, de que la relación entre la escuela y el significado debería ser considerado como algo inviolable. Por ello, piensa que las escuelas han de dedicarse principalmente a ayudar a los niños a encontrar significados apropiados para sus vidas. Pero los significados no se pueden dar o transmitir a los niños: tienen que adquirirse. Por eso, tenemos que aprender a disponer las condiciones adecuadas que faciliten a los niños el hacerse con las claves convenientes y dar ellos mismos significado a las cosas. Debemos hacer algo que capacite a los niños para que consigan alcanzar el sentido por sí mismos.
No conseguirán dicho sentido aprendiendo simplemente los contenidos del conocimiento de los adultos. Debemos enseñarles a pensar, y, en concreto, a pensar por sí mismos. Pensar es la cualidad por excelencia que nos capacita para lograr significado.
Lipman considera que el estudio y método de la filosofía puede ser buen camino, ya que, tanto por los temas que plantea como por el modo en que lo hace, permite la reflexión evitando todo peligro de adoctrinamiento.
Por ello, al enseñar filosofía, el profesor debe estar preparado para alentar y cultivar una rica gama de estilos de pensamiento y al mismo tiempo insistir en que el pensamiento de cada niño sea tan claro, coherente y comprensivo como sea posible, siempre y cuando el contenido de ese pensamiento no se vea comprometido directamente.
En FpN, el profesor recibe el nombre de facilitador, pues su función es ayudar a los niños a expresar sus ideas, pidiéndoles que las formulen aportando razones y ejemplos. Es una verdadera inversión del papel tradicional del profesor, al abandonarse cualquier actitud expositiva para convertirse en un animador del discurso de los niños: les invita a considerar un problema desde otra perspectiva o a construir sus ideas a partir de las aportaciones de los demás, además de llevar a cabo la importante tarea de traducir lo que los niños están diciendo y ayudarles a que expresen con claridad y de manera razonada sus ideas. Por tanto, el facilitador no expone sus propias ideas, sino que ayuda a los niños a construir las suyas propias. Es por esto que el programa de FpN se apoya de manera fundamental en la formación del profesorado a través de cursos periódicos, mediante los cuales los profesores adquieren las directrices básicas y las técnicas fundamentales para una correcta y provechosa aplicación del mismo.
Este acompañamiento del profesor a través del manual y los cursos de formación ha sido siempre una prioridad para Lipman, que entiende que sólo así se puede garantizar la “calidad” filosófica de la enseñanza.


APLICACIÓN EN EL AULA

Para llevar a cabo el programa Filosofía para Niños Lipman elabora unos materiales adecuados y capaces de lograr los objetivos que pretenden: desarrollar un pensamiento crítico y creativo, y facilitar su aplicación mediante una metodología adecuada.
Los pasos que se siguen en la aplicación del método en el aula se podrían resumir del siguiente modo:
1. Se dispone a los alumnos en círculo para posibilitar el diálogo.
2. Se lee un capítulo o episodio de una de las novelas. Para ello, se pueden emplear distintas técnicas de lectura: un párrafo cada uno, lectura dramatizada, etc. También el profesor lee cuando le llega su turno.
3. Luego se pide a los alumnos y alumnas que formulen en forma de pregunta cuantas cuestiones les haya sugerido la lectura. También para esto se pueden emplear diversas dinámicas de trabajo.
4. Las preguntas se van escribiendo en la pizarra, indicando junto a ellas el nombre de la persona que la formula y la línea y página de la novela que la sugiere. Los alumnos y alumnas deben tomar nota de todas las cuestiones en su cuaderno de clase. Estas preguntas se convierten entonces en el plan de trabajo para el debate en el aula.
5. Terminado el listado de cuestiones, se les pide que seleccionen aquella o aquellas que deseen comenzar a tratar.
6. Con la primera pregunta elegida comienza el diálogo. El modo de dirigir el debate responde a las orientaciones que la propia metodología propuesta por Lipman nos ofrece para conseguir un “debate filosófico”.
7. Para orientar y ayudar al diálogo se utilizan los ejercicios que aparecen en el manual del profesor correspondiente a cada una de las novelas. En el manual se ofrecen ejercicios, planes de discusión, cuestiones, textos, etc. que el profesor puede utilizar en su trabajo de orientación y coordinación.
8. Sin duda el diálogo planteará la necesidad de investigar y profundizar en determinados temas que se suscitan. En dicha investigación se pueden utilizar todos los recursos necesarios para llevarla a buen término: búsqueda de documentación, aclaración de conceptos, trabajos complementarios, etc.
9. Después de cada sesión, los alumnos y alumnas han de escribir un pequeño resumen y valoración de lo que juntos han debatido: es lo que llamamos “página de diario”. La lectura de uno de ellos puede servir como introducción para la siguiente sesión.
10. Cuando el tema se da por debatido es importante recoger todo lo que se ha aportado, para ello se puede confeccionar una redacción que ocupará un lugar específico en el cuaderno de clase.

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Por otra parte, la metodología que Lipman propone es sumamente abierta y permite la utilización de múltiples técnicas didácticas (clarificación de valores, discusión de dilemas, role-playing, etc.). Posibilita y exige la adaptación a las circunstancias y condiciones concretas en que se vive (intereses de los alumnos, problemática del barrio, del país, etc.).

De este modo:

    • Los niños se plantean cuestiones filosóficas.
    • La Filosofía puede adquirir un papel importante en la educación desde los primeros años de la infancia. Entendiendo la Filosofía como el ejercicio de un pensamiento riguroso, crítico y creativo, que trata de aclarar y dar sentido a un variado conjunto de temas que preocupan a los seres humanos (a los niños también).
    • Este ejercicio filosófico se debe realizar en el contexto de un grupo.
    • La clase se debería convertir en una comunidad de investigación, en la que todos tomen parte para buscar respuesta a los temas de su interés.
    • Se debe hacer posible que aprendan a expresar sus opiniones, a hablar y a escucharse, a comparar unas ideas con otras, sustituyendo así la competitividad en el aula por el esfuerzo conjunto.
    • La educación para aprender debe ser sustituida por la educación para pensar. Se necesita tanto un ciudadano instruido como un ciudadano que piense.

Referencias: Aprender a Pensar //Filonenos

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