¿Nervioso o Hiperactivo?


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Muchas son las familias que en algún momento de la infancia de sus hijos se preguntan: ¿es nervioso o… tendrá hiperactividad? También son cada vez más los profesores que insisten a los padres para que realicen una consulta con un especialista, ya que observan que, entre otras conductas, el niño es muy «movido», se desmotiva rápidamente y le cuesta prestar atención.
Hoy en día proliferan muchos casos de ‘niños hiperactivos’. Hay tal preocupación por parte de padres y educadores que este tipo de trastorno se ha socializado y se ha convertido en tema de fácil valoración, lo que conlleva al etiquetado y definición de aquellos niños a los que no entendemos.
Cuando un niño no se ajusta a nuestras expectativas y a la norma social estipulada, al no entender lo que ocurre intentamos definir al hijo o alumno para encuadrar la situación y darnos una falsa tranquilidad.
La hiperactividad como tal (que significa sin más, mayor activación), es un rasgo o característica fundamental del desarrollo evolutivo del niño. Con ello quiero decir lo siguiente: Todos sabemos que hay una etapa en el desarrollo de los niños que tienen a preguntar el porqué de todas las cosas. Este exceso de, o mayor tendencia a la realización de preguntas acaba desapareciendo con el tiempo. Es una fase normal dentro del desarrollo evolutivo y madurativo asociado a la edad.
La hiperactividad de los niños es considerada como normal, cuando se produce dentro de una etapa de la vida infantil, alrededor de los 2 o 3 años (aunque si bien es cierto que esta etapa puede darse tardíamente).
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El que un niño sea inquieto, no tiene nada que ver con la sintomatología característica del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), sin embargo, en muchos casos la confusión viene dada por la similitud de ciertas conductas que pueden presentar algunos niños durante la infancia, entre las que cabe destacar el exceso de movimiento, la irritabilidad, la desatención, los trastornos del sueño y el llanto frecuente. Pero lo cierto es que muchos niños pueden mostrarse nerviosos, ser inquietos o portarse mal sin que esto quiera decir que tienen TDAH.
Si los padres lo observan más profundamente, pueden encontrar una causa probable del nerviosismo de su hijo: cambios de ambiente, problemas en sus relaciones, celos, temores, cansancio por alternaciones en el sueño… O quizás, simplemente, puede tratarse de un niño más inquieto dentro de una variable normal del desarrollo. Por todo ello es importante observar detenidamente su día a día, el contexto o variables externas que puedan estar provocando dicho comportamiento y, sobre todo, establecer el gradiante de variabilidad acorde a la edad y etapa evolutiva en el desarrollo madurativo y evolutivo del niño.

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Cuándo comienza la hiperactividad

Por otra parte, si un niño presenta solamente en un determinado entorno algunas de las conductas antes citadas, por ejemplo en casa o en el colegio, es muy probable que no padezca TDAH: habrá que averiguar, entonces, si está viviendo algún problema o preocupación en uno u otro ámbito.
Otro factor que debe tenerse en cuenta para pensar en un posible TDAH es el momento de aparición de dichas conductas. Mientras que un niño sin TDAH puede pasar a un estado de nerviosismo de forma rápida o de forma gradual, en los niños con TDAH la aparición de muchos síntomas se ha detectado ya en la primera infancia: muchos padres de niños con diagnóstico de TDAH confirman que sus hijos han sido bebés irritables, llorones, con trastornos del sueño… Hay madres que los recuerdan muy inquietos incluso durante el embarazo.
Considerando que, dentro de las variables normales del desarrollo, hay niños más nerviosos, si los padres observan, no obstante, que el estado de nerviosismo del niño se prolonga e influye negativamente en su vida diaria, es el momento de acudir a la consulta de un psicólogo.
Por tanto, hemos de tener claro que solamente un especialista es capaz de diagnosticar y contestar con certeza a esta pregunta y tu hijo nunca podrá serlo antes de los 7 años. Desde aquí vamos a enseñarte las diferencias que existen para no caer en la trampa de etiquetar al niño como TDAH.
No siempre es fácil distinguir entre un niño movido o un niño con TDAH. Esta confusión viene dada por la similitud de ciertas conductas que se presentan en algunos niños durante la infancia. La observación profunda de los padres es fundamental para que les ayude a distinguir.

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Cuando se trata de hiperactividad

Es un trastorno de conducta de origen neurobiológico que se caracteriza por:
1. Presentar dificultades para prestar atención.
2. Distraerse fácilmente por cosas sin importancia.
3. El niño presenta problemas de ansiedad.
4. Se muestra agresivo cuando no consigue lo que quiere.
5. Su comportamiento social es indiscreto.
6.  Muestra exceso de afectividad.

Cuando el comportamiento es movido o inquieto

No existe patología alguna, es un comportamiento normal y se caracteriza por:
1. Comportamiento que se da como consecuencia de descubrir y explorar su entorno.
2. Cuando algo le interesa, presta atención.
3. Se distrae cuando algo no le motiva lo suficiente.
4. Es alegre y tiene vitalidad.
5. Cuando es travieso no implica ser violento.
6. Se relaciona bien socialmente.
7. Aunque desobedezca conoce dónde están los límites de conducta .

Referencia: Con mis hijos // Guia infantil //Margil psicología.

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