TRASTORNO REACTIVO DEL APEGO (RAD)


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Una de las consecuencias de carecer de un vínculo normal afectivo durante la infancia es el trastorno reactivo del apego (RAD).
El RAD surge aproximadamente a los 5 años de edad y su característica esencial es que la capacidad para relacionarse socialmente con los compañeros y los adultos está marcadamente distorsionada e inadecuadamente desarrollada en la mayoría de contextos.
Existen dos tipos de RAD:

  1. El RAD inhibido: es la falta persistente de iniciar y de responder a la mayoría de las interacciones sociales apropiadas para el desarrollo.
  2. El RAD deshinibido: muestra una sociabilidad indiscriminada o la falta de selectividad al escoger las figuras a las que se apegan (familiaridad excesiva con extraños a quienes les piden cosas y les demuestran afecto).
La agresión,  ya sea relacionada con una falta de empatía o un mal control de los impulsos,  es un problema serio con estos niños. Tienen dificultad para comprender cómo su comportamiento afecta a otros.

A menudo se sienten obligados a atacar y causar daño a otros, incluyendo animales, a niños más pequeños, a sus compañeros,etc. Esta agresión se acompaña con frecuencia de una falta de emoción o remordimiento.
Los niños con RAD pueden demostrar una extensión amplia de problemas emocionales tales como síntomas depresivos y de ansiedad o comportamientos que buscan la seguridad.
Para sentirse seguros estos niños pueden buscar cualquier apego (abrazarse a extraños, diciéndoles “te quiero”, por ejemplo) . Al mismo tiempo, tienen una inhabilidad de ser cariñosos en forma genuina con otros o de desarrollar conexiones emocionales profundas.
Estos niños pueden exhibir “comportamientos calmantes” por ejemplo la oscilación y golpeteo de la cabeza, o morder, rasguñarse o cortarse. Estos síntomas aumentarán durante épocas de éstres o de amenaza.
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Sintomas:
  • Destructivo a sí mismo y a otros
  • Falta de sentimientos de culpa o de remordimiento
  • Negación a contestar preguntas simples
  • Negación de la responsabilidad–siempre culpar a otros
  • Contacto visual pobre
  • Problemas extremos de desafío y de querer controlar
  • Robar
  • Falta de pensamiento de causa y efecto
  • Ánimo inestable
  • Alegaciones falsas de abuso
  • Comportamientos sexuales inadecuados
  • Exigencias o apegamientos inapropiados
  • Malas relaciones con los compañeros
  • Hábitos  de comer anormales
  • Problemas de usar el baño
  • Falta de control de los impulsos
  • Mentiras crónicas sin sentido
  • Formas o problemas inusuales de hablar–habla entre dientes
  • Dominante–necesita estar en control
  • Manipulador–superficialmente encantador y atractivo

Tal situación puede, a su vez, ser consecuencia de graves experiencias de negligencia, abuso y separación abrupta de los cuidadores entre las edades de seis meses y los tres años, o por la falta de respuesta, por parte del cuidador, a los esfuerzos comunicativos del infante. No todas, ni siquiera la mayoría de esas experiencias, resultan en el trastorno. Se distingue de los trastornos generalizados del desarrollo o de cualquier condición comórbida posible, como la discapacidad intelectual, que puedan afectar los comportamientos relacionados con el apego. Los criterios diagnósticos para el trastorno reactivo del apego son muy diferentes a los utilizados en la valoración o categorización de los patrones de apego, como el inseguro o el desorganizado.

Es usual encontrar estas dificultades en niños/as adoptados, en situación de acogida o que han padecido negligencias o abusos por parte de sus cuidadores.
Es necesario intervenir en estos casos y darles la oportunidad a estos niños de reparar el apego, su capacidad de vincularse, para que puedan establecer relaciones satisfactorias con los demás y desarrollarse como adultos felices y seguros
No necesariamente los niños con dificultades similares padecen el Trastorno de Apego Reactivo, pero de igual modo los problemas de relación deben ser abordados puesto que juegan un papel esencial en el desarrollo de un apego seguro y la afectividad del individuo.

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ESTRATEGIAS PARA ENSEÑAR A LOS PADRES O TUTORES

  • El primer objetivo es explicar a los padres o tutores el origen del problema. A partir de esta comprensión, como estrategia general, hay que potenciar espacios de comunicación diaria con el niño. Priorizar la calidad versus la cantidad en la interacción.
  • Fomentar que explique sus sentimientos y emociones (tristeza, alegría, etc.) más que lo que ha hecho (jugar, ir de excursión, etc.). Al respecto puede utilizarse el Diario emocional donde se registrará diariamente una cosa que el niño ha vivido positivamente y otra en la que debe mejorar. Esto debe servir de base para que los padres razonen con él los aspectos de sus sentimientos y comportamiento que les preocupa. Normalmente esto puede hacerse por la noche justo antes de acostarse.
  • Marcar muy claramente las consecuencias de las conductas que queremos corregir (castigos) pero, cuando ocurre la conducta, no le gritemos ni intentemos pedirle explicaciones, o razonar lo sucedido. Para ello podemos utilizar el espacio nocturno del “Diario emocional” donde todos ya estamos más relajados.
  • Cuando se produce una conducta inadecuada que queremos corregir, retiremos (en la medida de lo posible) la atención (tiempo fuera u otros) y hacerle saber que estamos tristes porque él puede hacerlo mejor. De esta forma el niño pasa de ser la víctima a sentirse responsable de la “tristeza” de los padres. Esto puede ser muy eficaz en niños que precisamente tienen temores a la pérdida o distanciamiento emocional de los padres, no obstante debe utilizarse con cautela debido a que hablamos de niños con problemática afectiva.
  • Hay que rechazar las conductas malas del niño, nunca al propio niño. Es decir, le diremos que se ha portado mal pero no que es un niño malo, desobediente, etc.
  • Para trabajar aspectos concretos de su conducta, utilizar la economía de fichas mediante gráficas visuales. Pactar premios por anticipado y definir las reglas de juego.
  • Intentar incrementar el tiempo de ocios juntos.
  • Recordarle cuanto le queremos y lo importante que es él para la familia. Darle protagonismo y saber alabarle la conducta o el trabajo correcto inmediatamente después que lo lleve a cabo.
  • Si hay problemas de impulsividad o atención, podemos incorporar juegos que fomenten la demora de la respuesta y el pensar antes de actuar. Es mejor establecer un horario diario para que podamos estar con él juntos. Estas actividades deben ser vividas por el niño como un espacio lúdico no como unos deberes.
  • Los padres deben ser capaces de abrir, desde muy temprana edad, una puerta en el niño para que pueda dejar salir sus sentimientos y emociones. Saber escuchar, acompañar, conectar con el mundo interior infantil, es la mejor manera de construir un joven sin complejos y con buena autoestima. Todo esto recobra especial importancia en niños que por un motivo u otro han visto truncado el vínculo temprano.
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