Síndrome del emperador o del niño tirano.


El síndrome del emperador hace referencia a los niños que se distinguen por ciertas características emocionales como la dificultad de desarrollar sentimientos de culpa y la falta de apego a los padres y otros adultos, expresados en conductas que llegan a ser tiránicas.

CAUSAS DEL SÍNDROME DEL EMPERADOR

Se piensa que las causas son variadas e incluyen entre otras cosas factores genéticos y ambientales. Pero principalmente sucede por la actitud permisiva de los padres que no son capaces de establecer límites en sus hijos. Diversos especialistas estiman que son varias las causas o escenarios que pueden favorecer el desarrollo de un niño con el síndrome del emperador, entre algunas de ellas destacan las siguientes:

  • Padres muy permisivos que desean satisfacer a su hijo con el argumento de que quieren que sea feliz.
  • Ausencia de normas básicas y disciplina en el hogar.
  • Formas de crianza diferentes entre ambos padres, siendo lo ideal que los padres bien sea que estén juntos o separados, tengan sintonía en cuanto a los criterios de disciplina a aplicar, en el caso contrario el niño aprenderá a cuál de los padres puede manipular.
  • Se presenta más en hijos únicos.

En general, se tiende a culpar en primer lugar a los padres de este tipo de conductas  aunque también influye el ambiente porque los niños de hoy en día viven en una sociedad consumista, individualista y que prima el éxito fácil y rápido por encima de todo. Además, puede existir una predisposición genética de carácter que explicaría por qué dentro de la misma familia, y en las mismas condiciones, sólo se ve afectado un miembro.

Además, no existe un patrón. Unas veces es el hermano pequeño; otras, el mayor; otras, hijo único o adoptado, otra hijos de padres mayores, de familia monoparental, etcétera. Eso sí, parece que se da más entre clases altas y medias y entre niños que niñas, aunque las niñas están ganando terreno.

Características de los niños con el síndrome del emperador

Nos referimos con este nombre a niños que presentan determinadas características como:

  • Sentido exagerado de lo que les corresponde y esperan que los que están a su alrededor se lo proporcionen.
  • Baja tolerancia a la incomodidad, especialmente si es causada por la frustración, el desengaño, el aburrimiento,o la negación de lo que han pedido; entonces, la expresan con rabietas, ataques de ira, insultos y/o violencia.
  • Presentan escasos recursos para la solución de problemas o afrontar experiencias negativas.
  • Están muy centrados en sí mismos y creen que son el centro del mundo.
  • Buscan las justificaciones de sus conductas en el exterior y culpan a los demás de lo que hacen, por tanto, esperan que sean los otros quienes les solucionen sus problemas.
  • No pueden, o no quieren, ver la manera en que sus conductas afectan a los demás por lo que se dice que, muchos de ellos, carecen de empatía.
  • Piden hasta el extremo de la exigencia. Una vez conseguido, muestran su insatisfacción y vuelven a querer más cosas.
  • Les cuesta sentir culpa o remordimiento por sus conductas.
  • Discuten las normas y/o los castigos con sus padres a quienes consideran injustos, malos, etc. Pero comportarse así, les compensa ya que ante el sentimiento de culpa inducido, los padres ceden y otorgan más privilegios.
  • Exigen atención, no sólo de sus padres, sino de todo su entorno. Y cuanta más se les da, más reclaman.
  • Les cuesta adaptarse a las demandas de las situaciones extra familiares, especialmente en la escuela, porque no responden bien a las estructuras sociales establecidas ni a las figuras de autoridad.
  • Se siente tristes, enfadados, y/o ansiosos, y suelen tener una autoestima baja.

Es importante detectar precozmente el problema de tener un hijo con el síndrome del Emperador y solicitar ayuda de un especialista, normalmente un terapeuta de familia y no pensar en que es un problema que se arreglará solo.

Partiendo de las tres características fundamentales que determinan las características del síndrome del emperador, dificultad para mostrar culpa y arrepentimiento sincero, incapacidad para aprender de los errores y de los castigos y conductas habituales de desafío, mentiras e incluso actos crueles (hacia la madre y hermanos fundamentalmente), hemos de establecer un abordaje multidisciplinar y desde todos los ámbitos que incidan potenciando estas conductas. Debemos establecer un proceso psicoeducativo para todos los actores de esta situación (la familia al completo) a la vez que debemos establecer unos límites relacionales y un tratamiento cognitivo-conductual y modificación de conducta hacia el niño (resolución de conflictos, autoestima, habilidades sociales, empatía, etc..). Al mismo tiempo, la institución escolar, por medio de los equipos de tutores, orientadores y equipos directivos, tienen un papel protagonista en esta situación. Si con estas medidas iniciales no se obtiene los resultados esperados, por el proyecto vital de todos los miembros de la familia y la propia calidad de vida, se ha de recurrir a los servicios sociales y judiciales, en el caso de que fuera necesario.

Se está perdiendo una parte fundamental del ser humano, el sentimiento de culpa, que es lo que nos hace del todo humanos. Tenemos una sociedad llena de incertidumbres y escasez de proyectos vitales y valores. Estamos inmersos en la necesidad de la inmediatez y del hedonismo y los referentes sociales existentes no son precisamente el mejor de los espejos para reflejarnos. La corrupción social, la falta de sentimiento de culpa, el fracaso de los valores religiosos, el cambio de estructura de la familia y los roles de los participantes de la misma hacen pensar a nuestros jóvenes que los sentimientos de culpa por los actos realizados provienen de otro tiempo y otra cultura y que todo se justifica para conseguir nuestros fines y deseos.

Las perspectivas no son halagüeñas. Los casos de violencia de hijos a padres van aumentando año tras año y la respuesta que estamos ofertando no modifica la tendencia existente.

Debemos dar respuesta inmediata a esta demanda. La unificación y puesta en marcha de criterios de intervención y derivación de estos niños debería ser el objetivo principal de nuestros esfuerzos.

Referencia: Siquia // Síndrome de // Hospital mesa del castillo.

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