Educación y Naturaleza


Los vínculos con la Naturaleza se construyen a lo largo de toda la vida. Pero la primera infancia ( 0 a 7 años) , la infancia ( de 7 a 11) y la temprana adolescencia (de 12 a 15 años), son etapas que podemos considerar cruciales. Cada una de ellas se caracteriza por desarrollo y hallazgos específicos que van a determinar los patrones de relación entre el niño y su mundo circundante.

Durante los 0 y 7 años el hogar es el centro de su actividad, y también la Naturaleza que le rodea: moscas, hormigas, pájaros , etc. y animales domésticos. Normalmente se sienten vinculados a ellos . A partir de esa edad, el ámbito espacial y geográfico de la mayoría de los niños se amplía enormemente. Sus intereses y esfuerzos se centran mucho más en explorar el entorno próximo; también les abre el paisaje circundante, más lejano, y les encantan lo bosques y los entorno “salvajes”.

A partir de los 12 años la socialización comienza a ser su principal preocupación. Dejan un poco la naturaleza salvaje y prefieren lugares de encuentro como parques y centros comerciales. En cada uno de estos estadios los niños desean inmersión, soledad e interacción, en un mundo cercano y conocido.

A los niños les produce un placer, casi innato, el poder saltar, correr, trepar o jugar al aire libre. Por eso, el vínculo de la educación con la naturaleza es tan beneficioso para ellos. De hecho, se realizan continuamente investigaciones que analizan cómo influye positivamente que los niños se desarrollen dentro del medio natural. Por ejemplo, un estudio sobre el impacto de las zonas verdes en el desarrollo cognitivo, realizado por un equipo de investigadores del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL), de la Universidad de California y de otras instituciones europeas ha concluido que aprender rodeado de naturaleza mejora procesos como la memoria, la atención y la resolución de problemas.

La educación en verde consiste en acercar a los niños a la naturaleza para que puedan aprender de ella. El contacto con la naturaleza es vital para los seres humanos y, especialmente, entre los más pequeños, ya que son muchos los beneficios que nos proporciona.

Y es que parece ser que los beneficios de la enseñanza al aire libre son varios, y en diversos ámbitos, como destaca Silvia Corchero, educadora auxiliar de Bosquescuela Cerceda: “el contacto con la naturaleza y la libertad de movimiento beneficia el desarrollo físico, emocional y cognitivo de los niños y niñas”. Concretando un poco más, los defensores de la metodología de la educación al aire libre destacan todas estas ventajas para los pequeños:

  • El sistema inmunitario se fortalece y se dan menos casos de obesidad (los niños caminan mucho y realizan más ejercicio), de asma y de alergias.
  • Las habilidades motoras (equilibrio, agilidad y coordinación) mejoran al educarse en un entorno natural.
  • El aprendizaje en la educación al aire libre es más efectivo porque está basado en la experiencia. Los pequeños observan, atienden y se concentran más (están más alerta que cuando se encuentran en un aula cerrada). También muestran una mejoría en su capacidad de razonamiento y de toma de decisiones.
  • Se produce un desarrollo del espíritu emprendedor y de la iniciativa propia, así como de la autonomía. Al mismo tiempo se observa que los niños tienen más autodisciplina.
  • Los pequeños que acuden a este tipo de escuelas son más creativos e imaginativos, mostrando mayor fantasía.
  • Se potencia el trabajo en equipo y el sentido de cooperación. Los niños ayudan mucho a los demás.
  • Los pequeños muestran más cuidado y defensa del medioambiente (y adquieren amplios valores éticos).
  • Se produce un desarrollo socioafectivo muy positivo. Los niños tienen menos estrés y tensión y, en este sentido, parece que se minimizan comportamientos violentos.

En definitiva, la educación al aire libre se configuraría como una opción saludable para nuestros pequeños, tanto mental como físicamente, que les ofrece experiencias difíciles de llevar a cabo en espacios cerrados

Las escuelas, en general, deberían tener  un enfoque más ecológico, si bien es cierto que hay muchas de ellas que ya están trabajando en esta línea. Una práctica muy interesante es  convertir los patios en huertos, jardines o granjas. Además de los beneficios que éstos aportan a los alumnos por el contacto con la naturaleza, gracias a estos espacios también se puede aprender matemáticas, lengua u otras asignaturas. Otras iniciativas interesantes pueden consistir en crear aulas al aire libre o introducir materiales de la naturaleza en las clases.

Para aprender a amar y respetar a la Naturaleza, lo más efectivo es una combinación de muchas horas pasadas al aire libre jugando y disfrutando, y un adulto-tutor que comparta con el niño o niña la alegría, la excitación y el misterio del mundo que nos rodea, cultive sus cualidades innatas y no destruya su capacidad de empatía, especialmente en los primeros años de vida.

Referencias: //fundacionarboretum.org // webconsultas.com //blog.tiching.com

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