Mindfulness para niños


El mindfulness es tan beneficioso para los niños como para los adultos. De hecho, en colegios de Holanda, Gran Bretaña y Estados Unidos ya están incorporando esta práctica en el currículo. No es casualidad, la infancia es una etapa ideal para dominar la atención plena, de manera que no solo se convierta en un hábito, sino también en una actitud con la cual afrontar la vida.

Hacer uso de una atención plena en nuestro día a día nos brinda múltiples beneficios en nuestro complejo mundo de adultos. Esas dinámicas en las que nos vemos envueltos -tanto en el trabajo como a nivel personal- dejan mella en nosotros. Nos sumen en estados de estrés y ansiedad donde la meditación y cada una de las estrategias que nos facilita el Mindfulness son útiles, catárticas y efectivas.

El mindfulness potencia el autocontrol emocional y los procesos cognitivos

El mindfulness es una técnica utilizada en terapia muy eficaz para reducir los síntomas de la depresión, el estrés y la ansiedad. También es una excelente herramienta para potenciar la atención, incluso en los niños que sufren TDAH. Un estudio realizado en la Universidad de Lovaina reveló que un entrenamiento  en mindfulness de tan solo 8 semanas mejora considerablemente la atención y reduce los comportamientos impulsivos. De hecho, se ha comprobado que el mindfulness provoca cambios significativos en la autorregulación, mejorando las funciones ejecutivas de los niños.

Otra investigación llevada a cabo en la Universidad de Louisville descubrió que la práctica sistemática del mindfulness mejora el rendimiento académico de los niños. Estos psicólogos explican que la meditación mindfulness ayuda a los niños a gestionar mejor la ansiedad ante los exámenes, liberando los recursos cognitivos de la memoria y el razonamiento, lo cual conduce a una mejoría en el desempeño.

Me intereso por el mundo

El Mindfulness para niños tiene como principal objetivo despertar su curiosidad, su atención. Conseguir que su capacidad de asombro no caduque nunca, así como su interés por conectar con el exterior desde un interior más relajado, más receptivo y confiado.

Estoy más atento a lo que me rodea

Asimismo, esa capacidad para focalizar mucho mejor la atención hacia determinados estímulos potenciará su concentración. Algo sin duda esencial en este mundo tan sobrecargado de estímulos y estimulantes, donde los más pequeños carecen de filtros razonables y estables con los que gestionar tal avalancha sensorial y perceptiva.

Entiendo, controlo y canalizo mis emociones negativas

Por otro lado, tal y como señalábamos antes, el Mindfulness va más allá de un simple compendio de ejercicios para instaurarse casi en nosotros como un estilo de vida. Sus técnicas, su filosofía y su enfoque propician a menudo cambios en nosotros lo bastante grandes como para facilitarnos perspectivas novedosas.

Los niños, por su parte, serán capaces desde bien temprano de gestionar mucho mejor sus emociones negativas, de entender el origen de su rabia o de su tristeza para canalizarla de forma adecuada. Algo así mejorará al máximo sus habilidades sociales, su forma de relacionarse, por ejemplo evitando situaciones de violencia y agresividad en el aula.

Las 3 reglas de oro para enseñar mindfulness a los niños

  1. Tener claro qué es el mindfulness. La atención plena implica estar presentes, en el aquí y ahora, prestándole atención a lo que sucede en nuestro interior o a nuestro alrededor sin emitir ningún juicio de valor. Eso significa que no existe una manera “correcta” de practicar  mindfulness, los niños deben encontrar su propio equilibrio y elegir aquellos ejercicios con los que se sientan más cómodos.
  2. Lograr que sea divertido. La práctica del mindfulness debe ser un momento divertido, que los niños disfruten mientras exploran nuevas sensaciones. Si se convierte en una carga extra o una imposición, perderá todo su sentido. También es importante que llegue a ser un ejercicio más de su rutina, como jugar o ver los dibujos animados, no es conveniente recurrir al mindfulness únicamente como un antídoto para situaciones irritantes.
  3. Ajustar las expectativas. Los niños pequeños no pueden pasar media hora practicando la meditación mindfulness, durante los primeros años de vida esta práctica debe tener un enfoque eminentemente lúdico, adecuándose a las capacidades infantiles. Esto significa que no debes esperar que tu hijo se convierta en un “pequeño Buda”, ese no es el objetivo, sino tan solo incluir el mindfulness en vuestra rutina familiar, dedicándole al inicio apenas  5 o 10 minutos al día.

Para concluir, tenemos claro de que existen muchos, muchísimos más ejercicios del Mindfulness que podemos enseñar a nuestros niños. Encontremos esos que más se ajusten a su edad y a su forma de ser. Asimismo, no nos olvidemos tampoco de ser el mejor ejemplo para ellos, una referencia de calma, equilibrio y afecto imperecedero.

En este enlace podéis encontrar algunos recursos (libros, juegos) que os podrían ayudar: PULSA AQUÍ

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