Libros Sensoriales ( Quiet Book)

Los libros sensoriales o Quiet Book suelen estar confeccionados a mano con fieltro, y diversos materiales manipulativos cotidianos: telas de colores, velcro, cuentas de madera, botones, cremalleras,..etc. Estos libros están pensados para que los niños descubran y experimenten de forma relajada, no obstante algunos de ellos pueden requerir el apoyo del adulto. 

Cada una de las páginas de los libros sensoriales incluye una actividad relacionada con un tema concreto (colores, letras, números, acciones, etc.), de tal forma que los niños interaccionan con el libro a la par que aprenden y se divierten.

Esta interacción otorga diversos beneficios en los niños como la estimulación y el desarrollo de habilidades, ejercita la motricidad fina y la coordinación, potencia la creatividad y despierta la curiosidad. Asimismo, incentiva el hábito de la lectura desde la primera infancia ya que el contacto del niño con actividades como el reconocimiento de las formas y tamaños, los colores básicos, y las letras permite que se familiarice con el lenguaje a pesar que aún no sea un lector.

Una de las grandes ventajas de estos libros es que ofrecen distintas oportunidades de aprendizaje por lo que permiten una interpretación y manipulación libre; de esta manera, les ofrecemos a los niños la oportunidad de construir su propio aprendizaje y crear sus propias conexiones sinápticas logrando así un verdadero aprendizaje significativo.

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Educación y Naturaleza

Los vínculos con la Naturaleza se construyen a lo largo de toda la vida. Pero la primera infancia ( 0 a 7 años) , la infancia ( de 7 a 11) y la temprana adolescencia (de 12 a 15 años), son etapas que podemos considerar cruciales. Cada una de ellas se caracteriza por desarrollo y hallazgos específicos que van a determinar los patrones de relación entre el niño y su mundo circundante.

Durante los 0 y 7 años el hogar es el centro de su actividad, y también la Naturaleza que le rodea: moscas, hormigas, pájaros , etc. y animales domésticos. Normalmente se sienten vinculados a ellos . A partir de esa edad, el ámbito espacial y geográfico de la mayoría de los niños se amplía enormemente. Sus intereses y esfuerzos se centran mucho más en explorar el entorno próximo; también les abre el paisaje circundante, más lejano, y les encantan lo bosques y los entorno “salvajes”.

A partir de los 12 años la socialización comienza a ser su principal preocupación. Dejan un poco la naturaleza salvaje y prefieren lugares de encuentro como parques y centros comerciales. En cada uno de estos estadios los niños desean inmersión, soledad e interacción, en un mundo cercano y conocido.

A los niños les produce un placer, casi innato, el poder saltar, correr, trepar o jugar al aire libre. Por eso, el vínculo de la educación con la naturaleza es tan beneficioso para ellos. De hecho, se realizan continuamente investigaciones que analizan cómo influye positivamente que los niños se desarrollen dentro del medio natural. Por ejemplo, un estudio sobre el impacto de las zonas verdes en el desarrollo cognitivo, realizado por un equipo de investigadores del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL), de la Universidad de California y de otras instituciones europeas ha concluido que aprender rodeado de naturaleza mejora procesos como la memoria, la atención y la resolución de problemas.

La educación en verde consiste en acercar a los niños a la naturaleza para que puedan aprender de ella. El contacto con la naturaleza es vital para los seres humanos y, especialmente, entre los más pequeños, ya que son muchos los beneficios que nos proporciona.

Y es que parece ser que los beneficios de la enseñanza al aire libre son varios, y en diversos ámbitos, como destaca Silvia Corchero, educadora auxiliar de Bosquescuela Cerceda: “el contacto con la naturaleza y la libertad de movimiento beneficia el desarrollo físico, emocional y cognitivo de los niños y niñas”. Concretando un poco más, los defensores de la metodología de la educación al aire libre destacan todas estas ventajas para los pequeños:

  • El sistema inmunitario se fortalece y se dan menos casos de obesidad (los niños caminan mucho y realizan más ejercicio), de asma y de alergias.
  • Las habilidades motoras (equilibrio, agilidad y coordinación) mejoran al educarse en un entorno natural.
  • El aprendizaje en la educación al aire libre es más efectivo porque está basado en la experiencia. Los pequeños observan, atienden y se concentran más (están más alerta que cuando se encuentran en un aula cerrada). También muestran una mejoría en su capacidad de razonamiento y de toma de decisiones.
  • Se produce un desarrollo del espíritu emprendedor y de la iniciativa propia, así como de la autonomía. Al mismo tiempo se observa que los niños tienen más autodisciplina.
  • Los pequeños que acuden a este tipo de escuelas son más creativos e imaginativos, mostrando mayor fantasía.
  • Se potencia el trabajo en equipo y el sentido de cooperación. Los niños ayudan mucho a los demás.
  • Los pequeños muestran más cuidado y defensa del medioambiente (y adquieren amplios valores éticos).
  • Se produce un desarrollo socioafectivo muy positivo. Los niños tienen menos estrés y tensión y, en este sentido, parece que se minimizan comportamientos violentos.

En definitiva, la educación al aire libre se configuraría como una opción saludable para nuestros pequeños, tanto mental como físicamente, que les ofrece experiencias difíciles de llevar a cabo en espacios cerrados

Las escuelas, en general, deberían tener  un enfoque más ecológico, si bien es cierto que hay muchas de ellas que ya están trabajando en esta línea. Una práctica muy interesante es  convertir los patios en huertos, jardines o granjas. Además de los beneficios que éstos aportan a los alumnos por el contacto con la naturaleza, gracias a estos espacios también se puede aprender matemáticas, lengua u otras asignaturas. Otras iniciativas interesantes pueden consistir en crear aulas al aire libre o introducir materiales de la naturaleza en las clases.

Para aprender a amar y respetar a la Naturaleza, lo más efectivo es una combinación de muchas horas pasadas al aire libre jugando y disfrutando, y un adulto-tutor que comparta con el niño o niña la alegría, la excitación y el misterio del mundo que nos rodea, cultive sus cualidades innatas y no destruya su capacidad de empatía, especialmente en los primeros años de vida.

Referencias: //fundacionarboretum.org // webconsultas.com //blog.tiching.com

LA RUEDA DE LAS EMOCIONES DE ROBERT PLUTCHIK

emoc

Las emociones funcionan como impulso de la conducta humana para generar que actúes o desencadenes un proceso psicológico y fisiológico. Por lo general, constituyen la forma en que accionas para resolver una determinada situación, catalizarla, atravesarla o manifestar cómo te sientes.

Dada su complejidad, de tan vasto que es el universo de las emociones humanas, el psicólogo norteamericano Robert Plutchik desarrolló una teoría en la que sostiene que, al igual que los animales, las personas han ido evolucionando su mapa emocional con el fin de adaptarse al entorno en el que vive.

Para Plutchik, las emociones pueden ser agrupadas en ocho categorías primarias, que tienen funciones específicas para ayudar a la supervivencia: temor, sorpresa, tristeza, disgusto, ira, esperanza, alegría y aceptación.

Las demás emociones serían, según él, combinaciones de las ocho mencionadas, y que, interactuando, permitirán ampliar un mapa de experiencias de cada persona.

Un aspecto llamativo es que las presentó por grado de intensidad; así, el temor es menos intenso que el miedo, o la aprobación respecto a la confianza. “Cuanto más intensa sea una emoción, el individuo estará más permeable a actuar en consonancia con ella”, aseguró.

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El juego de mesa en el aula, herramienta para educar en valores.

Desde nuestra editorial preferida Ekilikua, nos llega este post que les comparto sobre las utilidades de los juegos de mesa en el aula.

El juego es una herramienta fundamental para la transmisión de valores. A través de los juegos de mesa cooperativos niños y niñas pueden aprender a conocer e identificar sus emociones, a aceptarse y aceptar a los demás, potenciando la empatía, la solidaridad, y valores positivos para la convivencia como la tolerancia, el respeto a la diferencia o la igualdad de género…

En la escuela niñas y niños no sólo aprenden, o no solo deberían aprender, matemáticas o historia. Junto con la familia, la escuela es el pilar más importante en el proceso de socialización. Por ello, a parte de contribuir a desarrollar las capacidades individuales y la autonomía de cada persona, debe dotarla de las herramientas necesarias para desenvolverse y convivir en sociedad de una manera constructiva, manteniendo relaciones positivas tanto con las personas como con nuestro entorno.

La socialización entre iguales en la escuela permite, además de experimentar en el presente las ya adquiridas, gestar las futuras habilidades sociales de cada persona para la vida en comunidad. Por lo tanto, la solidaridad, el cuidado del medio ambiente, la igualdad de género, aprender a respetar normas y diferencias, por ejemplo, son necesarios para convivir en diversidad y son valores transversales a todas las materias propiamente académicas que no deberíamos dejar de lado en el programa escolar.
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Pedagogía Freinet.

“La educación no es una fórmula de escuela sino una obra de vida”

Célestin Freinet (1886-1966) fue un maestro rural en la Francia de entreguerras. A partir de su trabajo en el aula desarrolló una pedagogía moderna y popular. Poco a poco, sus estrategias didácticas se fueron sistematizando y difundiendo. Bajo el nombre de «Técnicas Freinet» se recoge un amplio abanico de propuestas orientadas a potenciar: la libre expresión, la cooperación, la experimentación y la investigación del entorno

Célestin Freinet  propuso una serie de técnicas que favorecerían el aprendizaje como tenemos que considerarlo ahora mismo, totalmente experiencial donde los alumnos son auténticos protagonistas de su aprendizaje.
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